—¿Quién diablos te autorizó a tocarla?
Antes de sumergirse en el mar, en medio del bullicio del viento marino, Clara pareció escuchar una voz masculina.
¿Quién podría ser?
¿Se refería a ella misma?
Clara sostenía firmemente la cuchilla, su única oportunidad de sobrevivir.
Una vez en el mar, cortó fácilmente las ataduras de sus manos y pies.
A través de lo que había ocurrido hoy, Clara comprendió que la mano detrás de todo esto debía ser una mujer, y que esta mujer no quería hacerle daño a Diego.