Clara, al ver a Camila, tuvo un solo pensamiento: tenían algo de destino, pero no mucho.
Cuando Clara se dio la vuelta para irse, Camila la siguió apresuradamente y exclamó: —Clari, espera un momento, de verdad tengo algo que decirte.
Clara no solo no se detuvo, sino que aceleró el paso, hasta que escuchó la voz preocupada de otra enfermera detrás de ella: —Señora Blanco, ¡vaya más despacio! Su corazón no puede soportar que se agite de esta manera!
Clara se detuvo al escuchar esto, y Camila logr