Clara miró a Luna y le dijo: —También deberías comer algo.
Ahora no solo estaba en juego la vida de Clara, sino también su estado de salud.
Los demás, aunque la odiaran, por respeto a Clara, al menos tratarían a Luna con cierta amabilidad por el momento.
En comparación con la mirada llena de odio de los otros, la de Clara parecía mucho más serena.
Incluso se dirigió a Diego: —Haz que alguien la atienda y le cure las heridas.
—De acuerdo.—Diego asintió y le hizo una señal a Fernando, quien de inm