Clara no esperaba a Suriel, sino que fue Simón, quien regresó apresuradamente.
Al enterarse de lo que le había pasado a su familia, vino sin pensarlo dos veces.
Tania, que casi se había ido a dormir, al oír que Simón había vuelto, se levantó apresuradamente. —¡Ha llegado Simón!
—Señora, vaya con cuidado, no vaya a tropezar. —Clara ayudó rápidamente a Tania.
Mientras hablaban, se escuchó que Simón llamaba a la puerta. —Mamá, soy yo, Simón.
—Pasa, pasa.
Simón abrió la puerta, intercambió una mirad