Clara se esforzaba al máximo para tratar a Suriel y, al mismo tiempo, investigar la fuente del veneno.
Cuando se levantó temprano por la mañana, descubrió que Ramón todavía estaba trabajando, escribiendo y dibujando con un lápiz en papel, ocasionalmente tomando una tela separada para practicar diferentes patrones.
—Señor Suárez, ¿no has dormido en toda la noche? —preguntó Clara.
Ramón se sobresaltó y luego miró hacia afuera. En ese momento, el sol estaba saliendo y su rostro reflejaba sorpresa.