Ezequiel yacía herido en el yate, su rostro mostraba múltiples heridas.
La expresión de Clara era tan fría, sin rastro de falsedad.
Diego disparó, las balas impactaron cerca de la lancha de Ezequiel, salpicando el agua y mojando su rostro.
—Ezequiel, hoy has provocado un agravio al tomar a mi esposa. ¡Te lo pagaré con creces en el futuro!
Después de decir esto, Diego ordenó que volvieran.
Renzo miró al hombre herido y suspiró. —Ya se ha ido, jefe. Déjalo ir, ella no te ama.
No importa la edad ni