Al principio, Diego también pensaba que probablemente se trataba de audaces secuestradores, pero a medida que pasaba el tiempo, su confianza disminuía y comenzaba a temer que fueran sus enemigos.
Le preocupaba que un día encontrara una caja en la puerta de su casa, con los cuerpos de ellos o alguna parte de sus cuerpos.
La situación actual se asemejaba a arrojar una piedra al agua y no recibir ni el más mínimo eco. Nadie sabía lo que estaba sucediendo debajo de la superficie.
La paciencia y la c