Pera no había dormido, tenía imágenes sangrientas en su mente con los ojos cerrados.
Clara llegó puntualmente para darle acupuntura y dijo: —Sé que no estás dormida.
Pera abrió los ojos, un poco aturdida, y dijo: —Clara, ¿crees que hice algo mal?
—Sí —Clara dejó caer la aguja de plata y habló con calma—, tú eres demasiado débil y tener un corazón demasiado bueno.
—Clara...
Clara suspiró suavemente al encontrarse con sus ojos puros e inocentes: —En su momento, fue por tus ojos puros que me conmov