Pera, con expresión nerviosa, se preparó para levantarse de la cama y recibirlo, pero Isolda fue rápida en detenerla.
—No te preocupes, quédate acostada y quieta.
Joaquín ya sabía cuáles serían las consecuencias de revelar la verdad, pero no esperaba que Alfonso apareciera personalmente en el hospital.
Cuando Alfonso hizo su entrada, una presencia imponente y autoritaria llenó cada rincón de la sala. Joaquín murmuró en voz baja: —Su Excelencia.
Alfonso no le dirigió ni una mirada y pasó directam