Claudio anhelaba día y noche volver a ver a Clara, y corrió hacia ella tambaleándose.
Clara le sonrió ampliamente y extendió su mano hacia él: —¿Querido, quieres irte con tía?
Claudio no entendía lo que ella quería decir, pero como ella le ofreció la mano, la tomó sin dudarlo.
Sin dudarlo, él colocó su mano regordeta en la palma de Su Qingyu, permitiendo que ella lo levantara en brazos. Él rodeó el cuello de Su Qingyu con sus brazos.
Primero, frotó su cabeza contra ella como un cachorro y, cariñ