Clara ayudó a la mujer a salir con dificultad. Bajo ella, se formaba un rastro de agua y cada pocos minutos tenía contracciones. El rostro de la mujer se volvía pálido por el dolor.
Siendo mujer, Clara conocía demasiado bien esa sensación. Sus dos partos anteriores habían sido prematuros, y los bebés habían salido rápidamente, causándole mucho sufrimiento. Ni hablar de la situación actual, donde la mujer estaba en trabajo de parto normal.
Pero también sabía la situación en la que se encontraban,