Clara murmuró: —Deja de molestar.
Diego enrolló el borde de su pijama y metió la cabeza. Su voz salió amortiguada desde debajo del amplio dobladillo: —Tú mira lo tuyo, yo haré lo mío.
Clara: —......
Este tipo solía controlarse, pero hoy era tan insaciable.
Su deseo se hizo cada vez más fuerte, no podía concentrarse en nada.
En medio de la luz de la pantalla, Clara levantó la cabeza, mientras Diego le colocaba un cojín en la cintura.
La ropa ya había sido desenrollada hasta el pecho, dejando al d