Diego envolvió a Clara en sus brazos cálidos, disipando el frío que la rodeaba.
Clara obedientemente escondió la cabeza en su pecho, sus manos rodeando su atlética cintura. —No te muevas, déjame abrazarte.
Durante muchos años, en muchas ocasiones, ella había estado sola en todos los días y noches.
Ella era como un pájaro incansable que también quería encontrar un lugar para descansar por un momento.
—Está bien. Diego cooperó y abrazó a Clara en silencio bajo la tenue luz de las estrellas.
Despué