Era una mansión de estilo campestre, y a pesar de ser invierno, se podía apreciar que estaba bien cuidada, con numerosas flores que florecían durante todo el año.
La ama de llaves, Marta, la miraba con precaución. —Te lo digo, tú solo tienes que encargarte de cuidar a la señorita, no mires ni preguntes más de lo necesario.
Clara no pudo evitar reírse ante su actitud. —Señora, siendo honesta, hay muchas personas que desean que las atienda, no solo su señorita. Si no fuera porque somos madres, es