Jairo insistió en acompañarla hasta la acera, mientras la nieve caía alrededor de los dos. De repente, Clara detuvo sus pasos.
—Mañana enviaré la pomada a través de un mensajero, Julio...
Ella levantó la cabeza de repente, su expresión llena de conflicto.
—Después de esto, no deberíamos volver a vernos, ¿verdad?
—¿Por qué? —Jairo la miró fijamente.
Clara lucía angustiada, murmurando entre sus labios. —Tengo miedo...
Él se acercó un paso más. —¿Miedo a qué?
—Yo... —sus mejillas se sonrojaron, era