Se escuchaban susurros detrás de ellos mientras ambos se sentaban.
Clara podía sentir esa mirada intensa sin necesidad de voltear. Era como si alguien estuviera apuntándola con un arma en la nuca, lo que la dejaba paralizada, sin atreverse a moverse.
Afortunadamente, Jairo no era de muchas palabras. Pero Clara se sintió incómoda en su asiento.
—Hermano Enríquez, ¿cuánto tiempo te quedarás esta vez que has regresado? —una voz femenina y seductora sonó suavemente.
La voz fría de Eduardo llegó: —Cu