El pasillo quedó vacío en cuestión de segundos, quedando solo tres personas. Eduardo estaba sentado erguido, con las manos apoyadas en las rodillas.
El viento frío soplaba ferozmente desde las ventanas del extremo del pasillo, pero ninguno de ellos se inmutó. El ambiente se volvió tan tenso como el hielo.
Eduardo habló fríamente: —El ataque que sufrimos esta vez fue debido a una filtración interna.
Diego asintió, —Eso es lo que pienso yo también, de lo contrario nadie habría herido a nuestro mae