En un instante de miradas encontradas, Clara se levantó de repente del suelo y abrazó fuertemente a Diego, como lo hizo en la cueva de las serpientes.
—¡Maldito, ¿por qué te fuiste?! ¿Sabes cuánto me preocupaste?
Diego se arrodilló en el suelo, con los ojos completamente abiertos de asombro.
Anoche, Clara había sido tan contundente al decir que lo odiaba y que le resultaba repugnante.
Él pensó que no tendría otra oportunidad, que para evitar que ella llorara y para no ser una molestia frente a e