Clara agarró su dedo y examinó una larga herida en la punta.
—No pasa nada, estoy acostumbrado a las heridas, solo es una pequeña herida —dijo Diego con indiferencia, retirando su mano.
—Espérame un momento.
Clara corrió a buscar su botiquín y le aplicó un tratamiento para detener el sangrado.
—Listo, trata de no mojarlo en los próximos dos días, te ayudaré a subir a la cama.
—No es necesario, puedo hacerlo yo solo.
Respondió Diego, empujándola y arrastrando su cuerpo debilitado para subir a la