Capítulo XXXIV
–No hace falta, yo puedo complacerte señor Mendoza del Campo

Y así durante buena parte de la noche, los amantes comparte un nuevo momento de intimidad, disfrutando del contacto, de los sonidos acuosos, de sus besos que decían todo lo que sentían el uno por el otro, de las caricias desenfrenadas.

De todo lo que no podían decirse con palabras, lo decían con sus cuerpos desnudos.

Jadeando – Adrián…

–¿Qué pasa Catalina? – Catalina se gira y lo besa en los labios

–Te amo, te amo mucho estoy agotada –
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