Mientras Mary y Robert se entregaban a su amor y pasión, Velkan se había adormecido en el cómodo sillón donde estaba sentado.
Se movió un poco incómodo por el tiempo que había estado en la misma posición, se levantó del asiento y se acercó a una persiana vertical que cubría un amplio ventanal, se asomó entre las hojas de la persiana y vió el jardín y el verde prado que quedaba al lado de la mansión.
Corrió las láminas de la persiana hasta que abrió un amplio espacio que le permitía ver el paisa