Velkan abrió la puerta y se devolvió a sentarse en su cama. Tatiana entró en la habitación sin decir nada, solo se acercó a la cama poco a poco.
—Lo siento, amor —Velkan no dijo nada, pero la frase lo sorprendió, ella casi nunca, es decir: nunca, se disculpaba, en particular en lo que ella creía que tenía razón— ¿Puedes perdonarme? Solo quiero tu seguridad, sólo quiero que estés bien.
Al principio él no levantó la cabeza ni cambió la posición en que estaba sentado, con los brazos apoyados en su