Rodrigo De la Sierra
–Para nada, he heredado ese gusto por el café de mis padres y de trabajar en la cafetería, claro.
–Bien, pues vamos caminando a comprar un café y después nos sentamos por ahí a tomarlo y claro a platicar.
–Muy bien.
La tomé de la mano nuevamente y noté como ella se estremeció ante mi agarre, comprobando todo lo que me dijo Dora de ella, que es una chica inocente, virgen, que nunca ha tenido un novio y ahora mismo, yo lo estaba comprobando todo y aquí estaba haciendo el p