—¡Felipe! —gritó Clara en cuanto entró en casa, y sin obtener respuesta, fue con el cachorrito a buscar a Felipe en su estudio.
Felipe estaba sentado en su escritorio trabajando. Al verla empapada, se sorprendió y luego frunció el ceño.
—¿Quién te dio permiso para entrar? —dijo con una actitud hostil y tono agresivo.
Clara, sin tomarle importancia, dijo emocionada:
—Sé que has estado de mal humor últimamente, pero espera, ¡esta noche te alegraré!
Dicho esto, comenzó a desabrocharse la chaq