Al día siguiente, Clara fue despertada por el golpeteo de la puerta de Regina.
Clara se sentó en la cama, sintiéndose mareada y con un fuerte dolor de cabeza. Frunciendo el ceño, se masajeó las sienes mientras se dirigía hacia la puerta.
Abrió la puerta y preguntó con pereza a Regina:
—Regina, ¿qué pasa?
Regina, con cara de preocupación, respondió:
—Ya es tan tarde y aún no han bajado a desayunar usted y el señor. Me preocupé por si algo hubiera pasado, así que subí a echar un vistazo.
C