La última vez que Charlotte visitó el estudio fue hace tres meses.
Tan pronto como entró, preparó un canvas, y la familiar fragancia de papel y pintura que flotaba en sus fosas nasales la tranquilizó.
Al mismo tiempo, dos chicas de secundaria entraron al estudio cogidas del brazo. La chica con el cabello más largo inclinó la cabeza hacia arriba y preguntó: “Oye, vejestorio, ¿eres la dueña de este estudio?”.
Charlotte frunció el ceño al escuchar su grosería y dijo: “Solo soy cinco años mayor q