“Estás decidida a humillarme, ¿verdad?”.
La garganta de Zachary tembló. A pesar de saber qué tipo de mujer era, la sensación de su cuerpo cálido y suave y su aroma encantador lo llenaron de tanta duda que no podía alejarse.
Charlotte lo sostuvo firmemente en sus brazos y presionó un lado de su rostro contra su espalda. “Pienso en ti día y noche, y solo quiero lo mejor para ti. ¿Por qué querría humillarte?”.
“Je”.
Zachary sonrió.
“Ya veo, así que me equivoqué. Todavía tenías un lugar para mí