Charlotte se sentó junto a la cama, sosteniendo el frasco en una mano y un hisopo de algodón en la otra. Se quedó mirando fijamente el área donde iba a aplicar el ungüento para Zachary. Su corazón latía con fuerza, como el tamborileo insistente de la lluvia golpeando el cristal de una ventana, y sus manos temblaban intensamente como si estuviera tamizando harina.
"¿Me vas a ayudar con la aplicación o no?". La voz melodiosa y arrogante de Zachary sonó de repente.
"Eh, sí... claro...". Los labio