Los besos en mi mano por parte de Ricky me trajeron al presente. Tenía a Arturo en mis brazos y él a Cadie.
—Ya se durmieron. Mañana debo trabajar, ya quiero dormir. —Esa picardía se me hizo familiar. Nos despedimos.
—Ricky, tu habitación ya se encuentra arreglada, hijo.
—Abuela gracias, pero…
—Dormirá conmigo. —Se sonrojó un poco, me dio un beso en la frente.
—Que disfruten. —ahora la sonrojada era yo.
Dejamos a los niños en su cuarto, ya Arturo tenía más de ocho meses. No está tan gordo como