**AMAYA**
El suave vaivén del yate me hace apoyar la cabeza sobre el hombro de Fredery mientras observo cómo la isla desaparece poco a poco detrás de nosotros. Hace apenas unos minutos caminábamos por aquella playa creyendo que el tiempo podía detenerse y ahora regresábamos a Nueva York, a nuestra vida. Pero, por primera vez, no siento miedo.
Sonrío sin darme cuenta y Fredery besa suavemente mi cabello.
—¿Qué te hace sonreír?
Levanto apenas el rostro.
—Estaba pensando en lo diferente que fue es