Dante
Había decidido dejar de esconderme, no podía seguir aquí, estaba muy lejos de Fiorella, la extrañaba mucho, apenas y la había recuperado y ya nos separamos.
—¡Me voy! —le digo a mi madre al aparecer en la sala de su casa con maleta en mano.
—¿Estás seguro? —me acerco hasta ella y me siento al frente suyo en el otro sofá.
—Tú lo dijiste siempre, estamos con la soga al cuello, no puedo renunciar a lo que soy y mucho menos a Fiorella.
—Entonces, ¿Qué vas a hacer?
—Seguiré en la organización,