Los hombros de Emily se hundieron al ver el pequeño que lloraba desconsoladamente, y no medito cuando ya se estaba acercando a él. Se arrodillo y lo contemplo sin asustarlo.
—Nate —susurro con voz suave de no asustarlo—. Soy Emily, tu tía.
—¿Mi tía? —Los ojos azules enrojecidos hicieron encoger el corazón de Emily. Y odio un poco más a Aiden. Ahora que su exmarido conocía la verdad sobre sus mellizos, la mente de Aiden quería reconocer a sus verdaderos hijos y deshacerse de los falsos. Después