CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA Y CUATRO
Eran las cuatro de la mañana, por lo que el silencio fue aún peor, ya que las personas que estaban antes en la sala de espera ya se habían ido, tampoco estaba la chica del mesón, y para colmo los encargados del lugar habían apagado algunas luces, que todo comenzaba a ser más tétrico.
Alex estaba desde las doce de la noche esperando en el hospital, sus ojos verdes comenzaron a cerrarse solos, pero se mantenía ahí tratando de ser, aunque sea un aporte emocional.