CAPÍTULO TREINTA Y OCHO
Aiden subió por las escaleras blancas al cuarto piso, porque ya estaba en la hora de su cita médica. Le envió un mensaje a Emily avisándole que iba a estar ahí, ya que ella seguía en la consulta del ginecólogo.
Y luego de esperar cinco minutos después de pagar en la caja, el doctor Hall lo hizo pasar al Box 402, una sala que olía a medicamento y anestesia.
—¡Señor Preston buenas tardes! —saludó el urólogo con una sonrisa en su rostro.
Era un hombre de unos cincuenta año