CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
Emily estaba sentada en la sala de espera, que apenas vio a Aiden, corrió a su encuentro.
—¿Esta todo bien, cariño?
Él al escuchar aquel mote cariñoso, que hace tiempo su esposa no se lo decía, el corazón se le aceleró como la primera vez que la vio. Contempló su rostro que a pesar de que lucía agotada, estaba más hermosa que nunca.
Sin embargo, Emily no era capaz de disimular la preocupación y la ansiedad que se irradiaba en todo su pequeño cuerpo. Los silencios de