CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
Aiden estaba acostado en una camilla de color blanco.
Él tan solo había despertado hace treinta minutos cuando la enfermera de turno le vino a inyectar algunos medicamentos.
A pesar de llevar un tiempo despierto, aún parpadeaba varias veces tratando de acostumbrarse a la luz natural que se reflejaba en el gran ventanal, pero era imposible ya que sentía que aún estaba subido en un maldito carrusel.
Todo a su alrededor daba vueltas y vueltas, sin contar que tenía un dolo