CAPÍTULO SETENTA Y UNO
Emily se desplomó en los brazos de Aiden quien la alcanzo a sostener, ante la atenta mirada de todos que veían el espectáculo con horror.
Sus ojos verdes se ensancharon y no la pensó dos veces, en llevarla a la clínica de Sídney. Se montó en su bugatti negro y manejó a toda velocidad por las calles de la ciudad que estaban atestadas de vehículos, esquivando a los demás autos, tocando bocinas e incluso transgrediendo el límite de velocidad permitido y pasándose los semáfor