CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS
Cuando Emily llegó a la empresa a las ocho diez de la mañana junto a sus mellizos, se fijó que todo era un caos. Había como un pánico colectivo, que ella misma no entendía.
Los trabajadores estaban apurados en terminar las faenas y los administrativos corrían de allá para acá ordenando su puesto de trabajo y rumoreándose entre ellos.
—Supongo que es porque despedirán gente —comentó Emily haciendo una mueca en su rostro, un poco decepcionada.
—¡Que carajo! —exclamó Adele,