CAPÍTULO CINCUENTA Y CINCO
Jack la ayudó a subir todos los ramos de rosas, que Emily le dio una buena propina por su buena voluntad y una vez que cerró la puerta de su departamento, todo volvió como un bumerang de recuerdos.
Una sensación agridulce la invadió, que se fue derrotada a la habitación matrimonial. De uno de los cajones de su tocador blanco sacó aquel cofre de los caballitos de mar y ahí guardó cada una de las tarjetas que Aiden le escribió con tanto amor.
Volvió a tocar con la yema