CAPÍTULO CIENTO VEINTITRÉS
Los niños se habían quedado dormidos y Emily llevaba el cuerpo molido igual que Aiden. El viaje había sido agotador, además del cambio de horario y las horas de sueños acumuladas que ambos tenían, pero no les quedó de otra que cada uno de ellos cargar a los mellizos.
Emily sostuvo a Elian y Aiden, detrás de ella, descendió con Ada en brazos por la manga que conectaba el avión con la terminal del aeropuerto. La noche había caído nuevamente cuando atravesaron el pasillo