CAPÍTULO CIENTO SETENTA Y NUEVE
Emily comenzó a mover la pierna con frenesí ante el silencio de Aiden, pero esta vez no lo presionó a que hablara, si no que espero sintiendo como su estómago se retorcía de nervios.
—Nate ya no me molesta ni nunca más lo hará —dijo Aiden y Emily se mordió los labios insegura de sus palabras—. Me equivoque en verlo como si fuera el culpable de mis acciones… como si fuera el enemigo que me lo arrebato todo.
Para ella era imposible que Aiden cambiara de la noche a