CAPÍTULO CIENTO OCHENTA Y SIETE
Emily y Aiden salieron de la fiscalía con el ánimo por el suelo.
Ambos se subieron al Maserati gris que estaba aparcado en el estacionamiento de aquel edificio de vidrio de espejos, y Aiden manejó hasta una cafetería cercana que estaba frente a la playa.
Cuando se estacionó frente a la cafetería, Aiden miró a su esposa, que seguía distraída.
—Vamos —pidió sin darle ninguna explicación.
Emily no protestó nada y tan solo le siguió en completo silencio. La fuerte