CAPÍTULO CIENTO OCHENTA Y SEIS
Diez días habían pasado desde que todo explotó.
Emily tenía un insomnio terrible que no la dejaba dormir bien por las noches. Las ojeras de color ennegrecido bajo sus bonitos ojos oscuros crecían cada día más, tornando su piel bronceada en una piel apagada. Estaba cansada, apenada y con una incertidumbre espantosa que la mantenía en vela.
La cabeza y el cuerpo le dolía de una manera que nunca antes había experimentado, que, por petición de su marido, no le quedó m