CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA Y OCHO
La policía llegó veinte minutos después. Emily escuchó las sirenas de las patrillas de policía y dejó a Nate sentado en la cama. Luego se puso en pie para ir hacia la sala de estar.
—Ya vengo mi cielo —musitó y se giró para salir de la pequeña habitación de Nate, pero el niño saltó de la cama y corrió a tomarle la mano a Em. Ella lo miró con dulzura y Nate sacudió la cabeza con la mirada brillosa por las lágrimas que se acumulaban en sus pupilas azules.
—No me d