Tras aquella charla, Pierre finalmente, llevó a Vania a la que sería su habitación, ahí dentro, la chica se reencontró con su mejor amiga.
- ¡Odette! ¿Qué haces tú aquí? -dijo Vania, sorprendida, molesta, entusiasmada y con muchas emociones más que el embarazo le provocaba.
- ¡Amiga! Lamento mucho no haber ido a ver en el hospital, pero… -dijo Odette mirando al hombre que estaba ahí. – El señor Legrand me pidió que lo ayudara a poner una habitación acogedora para ti.
- Bueno, señoritas, ya veo que se han reencontrado, así que puedo estar por un momento tranquilo, por lo que me despido, debo ir a atender algunos pendientes en casa.
- Está bien, señor Legrand, ¡gracias por traer a mi amiga consigo! -dijo Odette con los ojos brillantes de emoción y gratitud.
Vania miró a su amiga y notó algo raro, pero no dijo nada, al menos no en ese momento.
- ¡Odette! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que tú llegaste hasta este lugar? Y, sobre todo, ¿Por qué contactaste a la familia de Legrand? -dijo Van