Era la primera vez que Emely detestaba que fuera sábado por la mañana y estar frente a la puerta del apartamento de Ian abriéndola.
En la sala estaba Ian esperándola en el mueble de color crema, aun vestido con su pijama y con un rostro serio.
—¿Por qué no respondiste mis llamadas? —preguntó.
La joven sintió su rostro palidecer y tragó en seco. Caminó hasta la mesa de cristal y dejó las llaves sobre ella.
—¿Por qué no viniste a trabajar en la tarde? —Inquirió Ian con tono de regaño—, ¿por qué n