—¿Qué sucede, mami? —preguntó la joven con tono serio.
—Conocí a alguien —informó con una amplia sonrisa—, es un empleado de la empresa. Se llama Augusto, es contador y… Bueno, al principio él me pretendía, pero yo no le prestaba atención, ya sabes, te tengo a ti, a mi Nani; por favor, ¿cómo podía fijarme en un hombre? —Sonrió nerviosa— debía pensar en ustedes. Pasaron los meses y Augusto seguía pretendiéndome, yo le acepté una cita, nada del otro mundo, ni siquiera dejé que se entrara mucho la