Emely se marchó rumbo a la cocina y los dos muchachos se quedaron en silencio en la sala.
—¿Emely vive contigo? —preguntó Luciano.
—¿Qué? —Ian volteó a verlo—, no, no vivimos juntos. A ella le gusta quedarse aquí —sabía que era una pésima idea contarle que Emely era también su empleada de servicio.
—Para tener poco tiempo de novios, se tienen muchísima confianza —Luciano sonrió—. Tú nunca has dejado que una mujer invada tu territorio; esa chica te ha cambiado mucho.
Ian comenzó a reír.
—Es meno