—Buen chico —dijo Monique con una sonrisa al terminar de vacunar al perro. Le acarició la cabeza con suavidad. Lo elogió porque se había mantenido tranquilo durante la vacunación; parecía estar muy bien entrenado por su dueño. Luego, se giró hacia el hombre que acompañaba al animal y notó que él la observaba. Cuando sus miradas se cruzaron, una sonrisa apareció en los labios de él, revelando un pequeño hoyuelo en su mejilla derecha.
Tenía que admitirlo: el hombre era guapo. Alto, de piel clara