La penumbra de la habitación parecía haber cobrado una textura distinta, más densa y vibrante. El eco de la tormenta exterior golpeaba los cristales de la mansión Greco, pero dentro del refugio de las sábanas desordenadas, el único sonido que importaba era el de dos respiraciones tratando de encontrar su ritmo.
Isabella estaba recostada contra la almohada, con el cabello rojizo esparcido como una mancha de fuego sobre la seda blanca. Su cuerpo, aún estremecido por la fiebre y el impacto de lo q